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Este tipo de propaganda no sólo intenta restringir la sexualidad de las personas de manera ilícita, sino que además desmedra como inmoral todo el resto de las sexualidades éticas posibles y son sexualidades éticas todas aquellas que ocurran entre adultos con el libre consentimiento de ambas o más partes.
La sexualidad no es un problema ético, es un problema de salud pública. El embarazo adolescente es un problema, las enfermedades de trasmisión sexual, también, sin embargo, la ausencia de actividad sexual tampoco es algo deseable.
Existen formas sanas de tener sexo, existen los preservativos, existe la monogamia extramatrimonial… en fin, existen un sinnúmero de opciones sexuales, dentro de las cuales está también el matrimonio.
El matrimonio, sin embargo, no es la única forma legítima de sexualidad. Una sexualidad sincera que forme parte de una amistad llamada “con ventaja” y de común acuerdo no es una transgresión moral. Las personas son libres, el amor verdadero escaso.
Pretender que el adolescente espere a casarse para tener relaciones sexuales es simplemente absurdo. Un gran número de personas posterga el matrimonio para gozar de las diferentes posibilidades que ofrece la vida a una persona soltera. Yo me casé a los treinta y siete años y no llegué virgen al matrimonio y esto no supone una confesión ni un mea culpa.
El SERNAM (Servicio Nacional de la Mujer) es un servicio estatal y como tal no puede estar al servicio de la ideología cristiana. El SERNAM debiera presentar a los adolescentes todas las opciones con sus pros y sus contras y permitir que ellos, como ciudadanos libres de una democracia ELIJAN.
El matrimonio es, por supuesto, una opción válida para vivir una sexualidad responsable, pero no necesariamente la mejor. Existen personas que no están interesadas en mantener una relación monógama, otras que no están interesadas en personas del sexo opuesto y otras que simplemente quieren tener un compañero sexual ocasional y todas estas opciones son, tomadas las precauciones sanitarias correspondientes, igualmente válidas que el matrimonio.
No se puede permitir que el Estado, a través de un servicio público, dicte una ética arbitraria, basada en las creencias religiosas de algunas personas y que las haga pasar como conductas ya sea universalmente deseables o como la única alternativa sanitaria posible. Al hacer esto el Estado viola del derecho de los ciudadanos a buscar su felicidad en la medida que esta no vaya contra la ley, y sobre todo, miente al presentar una alternativa de sexualidad como si fuera la única sanitaria y moralmente válida.
Si los cristianos tienen una moral sexual más restringida, entonces tienen todo el derecho de regirse por esa moral, sin embargo no tienen el derecho de imponer dicha moral a los demás ni mucho menos tienen el derecho de utilizar recursos estatales de todos los ciudadanos para hacer propaganda cristiana.
Este tipo de propaganda no sólo intenta restringir la sexualidad de las personas de manera ilícita, sino que además desmedra como inmoral todo el resto de las sexualidades éticas posibles y son sexualidades éticas todas aquellas que ocurran entre adultos con el libre consentimiento de ambas o más partes y sin menoscabo emocional de otra persona. En este último caso, es decir en caso de infidelidad, tampoco puede ser el Estado quien sancione a las personas que incurren en ella, al menos no de oficio.
La sexualidad es una de las formas más intensas de placer que puede llegar a vivir un ser humano y nadie tiene derecho a restringirla con prejuicios disfrazados de moral. Mientras nuestros vecinos al otro lado de la cordillera abren sus puertas al matrimonio igualitario, en Chile, todavía existen fuerzas políticas que intentan que la historia avance en sentido inverso. Este tipo de fuerzas son fuerzas excluyentes que terminan clasificando a los chilenos en mejores y peores, no en base a criterios de excelencia, sino en base a criterios arbitrarios, lo cual no hará de nuestro país el mejor lugar para vivir.
Este tipo de propaganda no sólo intenta restringir la sexualidad de las personas de manera ilícita, sino que además desmedra como inmoral todo el resto de las sexualidades éticas posibles y son sexualidades éticas todas aquellas que ocurran entre adultos con el libre consentimiento de ambas o más partes.
La amplia mayoría de nosotros lo conoce, su imagen se ha vuelto el símbolo del odio y de todo aquello de lo que nuestra civilización reniega. Nazismo y Fascismo son hoy insultos y categorías despreciables del análisis político. Sin embargo, el fascismo sobrevive, sólo que ya no se hace llamar fascismo y presenta un rostro mucho más amable, que es el rostro de la defensa de los valores tradicionales, de la familia de la moral. No nos referimos aquí a la buena vida de los respetables burgueses, sino más bien al intento de promover una determinada forma de vida como la única aceptable moralmente y por medio de la fuerza.