Pretender basar el conocimiento del siglo XXI en relatos épicos de la edad del bronce es simplemente una pretensión absurda, y revestir dichos relatos de inescrutabilidad es simplemente un absurdo aún mayor. Es del escrutinio de la naturaleza y del propio conocimiento humano de donde aumentamos ese conocimiento, y es ese conocimiento el arma de sobrevivencia de la especie y lo que nos ha permitido llegar a dónde estamos ahora sin perecer.

He tenido la mala ocurrencia de citar en mi estado de Facebook al Dawkins, Hitchens y Harris. He decidido además continuar haciéndolo. He recibido, por cierto, una serie de respuestas de la más diversa índole y en especial, me han llamado la atención aquellas que consideran que uno sencillamente debiera abstenerse de criticar la fe de los demás y aquellas que dicen que todo lo que reputamos saber no es más que fe.

Es cierto que deambulamos en un universo de creencias. La gran mayoría de nuestros conocimientos se basan en cuestiones de autoridad. Sería imposible de otro modo. Hay demasiado por conocer y demasiado conocimiento como para que una persona pueda llegar a saberlo todo.

Nuestra “fe” en tales autoridades descansa, sin embargo en cuestiones bien distintas a aquellas en las que descansa la fe religiosa. Cada una de las cuestiones que creemos, resiste el análisis de la curiosidad, así, por ejemplo, si quiero saber cómo es que se sabe que la Teoría de la Evolución es un hecho, puedo pues enfrentarme a toneladas de evidencia que lo prueban.

Cada uno de los asertos que constituyen nuestra base de representación de la realidad, está siendo sometido constantemente a análisis y siendo falseado, es decir, se le está buscando su punto débil para cambiarlo por una representación más adecuada. Es por ello que el modelo científico está constantemente cambiando.

Muchas personas han querido ver en este cambio precisamente una debilidad de la ciencia, cuando se trata precisamente de su fortaleza. Nuestras representaciones son cada vez más exactas, mejores. En este proceso, muchas personas sienten que no pueden confiarse en ellas, precisamente porque cuando han acabado de entender alguna, entonces aparece otra representación más adecuada.

Surge entonces la extraña sensación de que no hay nada verdadero a lo cual realmente se pueda considerar como inamovible. Si así es, entonces parece ser que cualquier representación es entonces válida, hasta el punto de que voluntariamente, alguien que quiere creer algo en contra de toda la evidencia no sólo científica, sino del más elemental sentido común, tiene el derecho de hacerlo.

Ello hace que las creencias religiosas vuelvan a presentarse como sagradas. Son la respuesta que puede darse el ser humano ante la vida, le son funcionales en lo personal, representan un apoyo en momentos difíciles ¿qué importa que la Ciencia y la Filosofía digan lo contrario? Esas disciplinas cambian constantemente sus discursos, mientras que la religión se mantiene pétrea desde tiempos inmemoriales.

El cambio en la Ciencia y en la Filosofía se debe a que cada vez se refinan mejor nuestras percepciones, nuestros instrumentos. Este cambio, sin embargo, difícilmente validará nociones anteriores así, por ejemplo, la tierra pasó de ser plana a constituir una esfera, para pasar luego a tener la forma aproximada de una pera, pero podemos estar seguros de que ningún descubrimiento volverá a afirmar que es plana.

Es difícil saber si algún día finalmente terminaremos de saberlo todo y lo más probable es que ello no suceda. El universo se revela infinitamente complejo, desde lo más pequeño del mundo subatómico hasta la inmensidad de un cosmos aparentemente infinito. Con todo, esto no significaría una permanencia en una ignorancia absoluta, sino un conocimiento que crece hasta el infinito… si somos capaces de sobrevivir como especie, claro.

El conocimiento que crece hasta el infinito es un conocimiento que permite ser cuestionado y reflexionado. Una premisa que quiere permanecer idéntica durante todo el paso del tiempo es una premisa que seguramente se volverá obsoleta ¿Qué pasa con libros escritos en la Edad del Bronce en este contexto?

Nadie pretendería que la “La Ilíada” fuera considerada sagrada en nuestros días, sin embargo “La Biblia” sí quiere gozar de tal privilegio. Hay quienes ven en ella una guía moral e incluso el origen de todos los valores, pero ¿no es también “La Ilíada” una guía moral? ¿Por qué ha de ser que nadie la reivindica como verdadera? “La Ilíada” también transcurrió en lugares reales… también hubo allí matanzas y sacrificios al estilo de la Edad del Bronce.

Alguna batalla de proporcione subyace oculta en el relato de “La Ilíada”, sin embargo, nadie en su sane juicio la reivindicaría como verdad, siendo que fue la palabra de los dioses, inspirada por las musas en persona.

“La Biblia” consiste en una serie de relatos épicos compuesto de la misma forma que la “La Ilíada”, simplemente, la sociedad en algún momento del siglo tercero decidió cambiar de relato épico.

Pretender basar el conocimiento del siglo XXI en relatos épicos de la edad del bronce es simplemente una pretensión absurda, y revestir dichos relatos de inescrutabilidad es simplemente un absurdo aún mayor. Es del escrutinio de la naturaleza y del propio conocimiento humano de donde aumentamos ese conocimiento, y es ese conocimiento el arma de sobrevivencia de la especie y lo que nos ha permitido llegar a dónde estamos ahora sin perecer.

Advertisement