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BICENTENARIO, comisión bicentenario, gobierno, Sebastian Piñera
La celebración del Bicentenario viene siendo como querer hacer que la sirvienta celebre el nuevo auto que se compró la familia en la que trabaja, o que el hijo del patrón se graduó con honores del colegio, mientras que su propio hijo crece abandonado, al acecho constante de la pasta base.
Nunca pensé que estaría de acuerdo con alguna medida del gobierno de Piñera, sin embargo, el cierre de la Comisión Bicentenario me ha provocado alegría. No es que uno sea de los amargados que no quieren participar, yo mismo fui seleccionado como finalista con un cuento para la antología Semillas de la Memoria -la antología de cuento y poesía del Bicentenario -de la cual muchos de ustedes no han de haber sabido producto de la impresionantemente escasa difusión, a no ser que sean seguidores de este blog o del Lado b.
Realmente espero que las celebraciones del Bicentenario pierdan realce y que aquella imagen de país unido, moderno y ¿lindo? Que queríamos proyectar al mundo –como si al mundo le interesara –y sobre todo a nosotros mismos, sencillamente no ocurra.
No se trata de que uno esté en contra de la patria –o lo que quiera que ese concepto quiera decir –o que uno sea poco sociable. Se trata simplemente de que celebraciones como esta suelen tener por objeto esconder debajo de la alfombra las flagrantes contradicciones de un país como Chile. El pueblo es lamentablemente fácil de distraer con los fuegos artificiales
Chile continúa siendo un país de privilegios y el reverso de los privilegiados son personas privadas de sus derechos. La mayor parte de nuestro país es pobre, pero esa pobreza se disfraza porque los números que miden la pobreza la piensan como en el siglo pasado. El precio de los libros se dispara, la televisión –especialmente el canal estatal –parece tener por objeto volvernos cada día más imbéciles mientras que la educación continúa en crisis… una crisis que, sin embargo, no afecta a las clases dirigentes, con sus doctorados incompletos de Harvard.
La celebración del Bicentenario viene siendo como querer hacer que la sirvienta celebre el nuevo auto que se compró la familia en la que trabaja, o que el hijo del patrón se graduó con honores del colegio, mientras que su propio hijo crece abandonado, al acecho constante de la pasta base. Esta celebración era el intento de hacernos creer que los logros de una clase eran el logro de todo el país, siendo que esa clase logró enriquecerse poniéndole la bota militar encima al resto de los chilenos.
Nada de lo que quiere celebrarse es cierto.
La riqueza que produce Chile no chorrea, a no ser en forma de créditos de consumo que hacen que la gente se endeude para comprar productos que no necesita y que le vende la misma clase que los emplea, les otorga los créditos y los endeuda. El chileno medio se ve obligado a comprar el dinero que le falta y a vivir en un estado de deuda permanente del que no podrá salir jamás, porque el sistema lo quiere endeudado permanentemente, para que sea un trabajador dócil, dispuesto a sacrificarse por una empresa que no es la suya y que prescindirá de sus servicios en cuanto pueda.
Bien que haya caído la comisión Bicentenario y no porque hayan sido ineficientes, sino porque no hay nada que celebrar, salvo una serie de movimientos estelares que hacen que lleguemos a contar doscientos años desde una fecha en la que la independencia tampoco se declaró, sino que fue una fecha de consenso para evitar la pugna entre dos partidos acaudillados que ya no existen.
La celebración del Bicentenario viene siendo como querer hacer que la sirvienta celebre el nuevo auto que se compró la familia en la que trabaja, o que el hijo del patrón se graduó con honores del colegio, mientras que su propio hijo crece abandonado, al acecho constante de la pasta base.
¿Algún día don Francisco hará una Teletón para que la clase media pase más tiempo de calidad en familia, las deudas de la universidad sean menos apremiantes y la gente no tenga que hacer horas extras? El show de la reconstrucción tiene mucho más rating así que se ve poco probable… y los jóvenes seguirán aportando para ello su mano de obra gratuita…
Nuestros países consideran a todos quienes no usamos la corbata de rigor y que por alguna razón somos incapaces de someternos al sistema como haraganes, indeseables, peligrosos. Como dice la canción de León Gieco:
Un verdadero juicio razonado será siempre una propuesta de cambio social o al menos una praxis consecuente individual. Un verdadero juicio razonado no respeta las opiniones de los demás ni las propias, porque una opinión no es más que un prejuicio y un prejuicio no es digno del más mínimo respeto.

Reciclar está bien, pero no basta, también hay que poner en tela de juicio al sistema ¿será que la solución de la crisis ecológica pasa también por la solución de la inequidad social? ¿Será que nuestra sociedad es también parte del equilibrio ecológico y que con él también se equilibraría?
Al señor Hawkins, especulo, creo que le remuerde la conciencia el colonialismo británico. Efectivamente, alguna vez el Imperio de su Majestad sencillamente atropelló a otras culturas con fines de explotación y productivos, cuando en el siglo XIX se pensaba que sólo el hombre blanco era propiamente humano y que las personas de otros colores eran vulgares remedos, pero la conquista del espacio requiere de una sociedad más avanzada que la victoriana.