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Me han llegado y he leído diversos comentarios en blogs y foros en los que se habla de una conspiración mundial. Iluminati, masones, Skulls and Bones y hasta el literario Priorato de Sión han sido acusados de mantener una conspiración para el dominio del mundo. Lamentablemente, la única hermandad que puede calificarse de conspiradora, no para lograr, sino para mantener el dominio mundial es el club Bildelberg; Numerosos teóricos de la conspiración -una suerte de paranoicos intelectuales -han intentado descubrir por todos los medios los supuestos fines oscuros de los miembros de este grupo, sin detenerse a observar simplemente los hechos: el club agrupa a la gente con más poder y dinero del mundo; su único objetivo puede ser el acrecentamiento y protección de ese poder y ese dinero. Eso aparte de jugar bridge, golf y canasta es lo único que une a los oligarcas.

Sin embargo, alguna vez hace mucho tiempo, sí existió una conspiración masónica. La Francmasonería defendía y defiende entre sus principios el laicismo, la tolerancia y el libre examen, se interesaba en difundir los ideales de la ilustración, en especial la idea de progreso. La Francmasonería a su vez estaba relacionada con otra orden famosísima en nuestros días pero que alguna vez fue una sociedad secreta: la orden Rosa Cruz, que defendía principios similares y que se dio a conocer en Europa a través de dos panfletos llamados Fama Fraternitatis y Confessio Fraternitatis. La “Fama” nos dice:

“…Pero todo ello es considerado por la frivolidad del mundo como de escasa utilidad. Las calumnias y las burlas no cesan de crecer. Los hombres de ciencia se encuentran imbuidos de una arrogancia y un orgullo tales que se niegan a reunirse para hacer un cómputo de las innumerables revelaciones con las que Dios ha gratificado los tiempos que vivimos mediante el libro de la naturaleza o la regla de todas las artes. Cada grupo combate a los otros antiguos dogmas, y, en vez de la luz clara y manifiesta, prefiere al Papa, a Aristóteles, a Galeno y a todo lo que se parece a una colección de leyes e instrucciones cuando, sin ninguna duda, estos mismos autores tendrían sumo gusto en revisar sus conocimientos si vivieran. Sin embargo, nadie está a la altura de tan elevadas palabras y el antiguo enemigo, pese a la fuerte oposición de la verdad en teología, en física y en matemáticas, manifiesta abundantemente su astucia y su rabia entorpeciendo una evolución tan hermosa mediante el espíritu de fanáticos y vagabundos…”

El documento es de 1614, el juicio de Galileo comienza dos años más tarde y Giordano Bruno había sido ajusticiado doce años antes por la inquisición: “Cada grupo combate a los otros antiguos dogmas, y, en vez de la luz clara y manifiesta, prefiere al Papa, a Aristóteles, a Galeno y a todo lo que se parece a una colección de leyes e instrucciones cuando, sin ninguna duda, estos mismos autores tendrían sumo gusto en revisar sus conocimientos si vivieran…” Hablar de libre examen era una cuestión peligrosa. Es por eso que hombres -en su mayoría eran todavía casi solamente varones, la liberación de la mujer no era todavía siquiera un sueño -dedicados al libre pensamiento eran altamente subversivos. Decirse agnóstico o ateo en aquellos días era de una inmoralidad impensable. No sería hasta el siglo XVIII cuando el enciclopedista Denis Diderot fuera el primero en declararse ateo. Es por ello que estos caballeros debieron agruparse de una manera mística y crearse a su propio profeta Christian Rosenkreutz, quien probablemente ni siquiera haya existido. La orden se revistió de sacralidad y puso sus principios como sagrados. El fundamento del libre examen no era otro que el hecho que el hecho de que dios había dotado al hombre de esa facultad. Se necesitaban nuevos ritos para competir con los ritos cristianos, se necesitaba establecer un nuevo cuerpo de creencias que no vulneraran el libre examen, que no prohibieran el mejoramiento del hombre mediante el uso de la razón. Este cuerpo de ritos y creencias sedujo a multitudes, pero alejó a muchos del meollo del asunto: la libertad de pensamiento por la que había muerto un filósofo y un científico había sido condenado al silencio. La fraternidad Rosacruz cuenta hoy en día con muchas órdenes que, en el mejor de los casos se inspiran en ella, pero ninguna puede reclamar auténticamente un linaje legítimo con la primera.

Los rosacruces idealistas como eran, no fueron capaces de entender que lo que ellos pedían no podría lograse sin una reforma política, o tal vez más bien no supieron cómo hacerlo. La gran mayoría de ellos eran artistas, científicos, poetas o filósofos, o sea gente sumamente pragmática. La Reforma Protestante de Lutero se vuelve tan o más opresiva que la Iglesia Católica en manos de Calvino y sus secuaces: procesos de quema de brujas que habían sido prácticamente descartados por la iglesia Romana volverán a surgir en América con la quema de las brujas de Salem. Muchos protestantes se volvieron mucho más fundamentalistas de lo que pudo ser la propia Iglesia Católica, -hasta el día de hoy algunos grupos protestantes niegan la teoría de la evolución, cosa que los católicos ya no hacen -surge el puritanismo, la doctrina de la predestinación de unos y no otros -el autor no está predestinado.

La única forma de que el pensamiento fuera libre era con libertades políticas, por ello de la orden Rosacruz surge una nueva orden más terrena: la Francmasonería -el grado dieciocho del Rito Escocés Antiguo y Aceptado de la Masonería se llama Soberano Príncipe Rosa-Cruz lo cual al menos vincula las órdenes. La orden toma su nombre de los antiguos ‘franc masons’ o constructores libres medievales, que era el gremio de los obreros de la construcción. Siendo que la gente común vivía en chozas autoconstruidas, se entenderá que estos artesanos se dedicaban más que nada a la construcción de castillos y sobre todo catedrales. Por la naturaleza de su trabajo se desplazaban por Europa y eran libres sin ser nobles, lo cual era una excepción para la época, pues la mayoría de las personas tenían el estatus de vasallos, incluso los señores eran vasallos de un rey. Ellos se organizaban en un gremio o cofradía que comprendía tres grados, aprendiz, oficial, y maestro. Cada uno de estos grados se identificaba por una palabra y un gesto secreto, así, cuando un constructor llegaba a una obra y quería emplearse, decía su palabra y hacía su gesto según su rango y ello le permitía ocupar el debido lugar en la nueva obra; normalmente una catedral.

En el siglo XVIII los liberales tomaron su modelo de estos constructores: ellos eran libres en una época de esclavitud, eran hermanos pertenecientes a una hermandad de iguales, sin más diferencias que la habilidad y la experiencia; ellos progresaban según su esfuerzo y capacidades y por eso era el modelo perfecto de lo que querían no sólo para su sociedad secreta sino para toda la sociedad: Libertad, Igualdad, Fraternidad. Pensemos que en aquellos días por muy talentoso que fuera un hombre, no llegaría jamás por sobre alguien nacido noble en una sociedad estamental; por muy brillante que fuera un pensador, estaba sometido a la arbitraria autoridad de la iglesia y eso debía cambiar. Hoy damos por sentadas cierta justicia social, la justa retribución por el trabajo y el ingenio así como la libertad de expresión, pero antes ello simplemente no era así: existía una nobleza cortesana y parásita que recibía renta del estado, existía un clero que cobraba diezmos y que concentraba propiedad de tierras y que no admitía discusiones: era necesario un cambio, una revolución política… dos revoluciones.

“Sostenemos como evidentes por sí mismas dichas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre éstos están la Vida, la Libertad y la búsqueda de la Felicidad. Que para garantizar estos derechos se instituyen entre los hombres, los gobiernos derivan sus poderes legítimos del consentimiento de los gobernados; que cuando quiera que una forma de gobierno se haga destructora de estos principios, el pueblo tiene el derecho a reformarla, o abolirla, e instituir un nuevo gobierno que se funde en dichos principios, y a organizar sus poderes en la forma que a su juicio ofrecerá las mayores probabilidades de alcanzar su seguridad y felicidad…”

Por eso la independencia de los Estados Unidos es llamada revolución. No fue simplemente una independencia, sino un completo cambio en la forma de entender el mundo, la política y el hombre. Es pensamiento ilustrado puro llevado por primera vez a la práctica. Las independencias latinoamericanas y las repúblicas actuales europeas y asiáticas se deben a este ideario. Inspirado entre otros por Bejamin Franklin, maestro masón, y llevado a la práctica en América Latina por la logia masónica Lautarina y uno de sus líderes: Simón Bolívar, maestro masón. Casi de Perogrullo mencionar también que la Revolución Francesa se inspira también en este ideario, pero es un proceso más tormentoso que pasa por el Terror, Napoleón y la Restauración, pero el ideario masón y rosacruz puede leerse en la Declaración de los Derechos del Hombre y Ciudadano.

No tengo más información que la veo en los medios, yo no pertenezco a ninguna sociedad secreta -considero invitaciones -pero, claramente, la conspiración masónica parece haber terminado y las logias se han convertido en clubes sociales. No parece que luchemos por la igualdad sino por el lucro, no existe ninguna fraternidad entre los hombres, pues cada quien explota a su vecino en la medida de lo posible. Las naciones ricas viven de la servidumbre de las naciones pobres, a quienes transforman en mano de obra barata o productores de materias primas o comodities, como mi país, Chile, el cual creo que a pesar de todo está mejor que otras naciones latinoamericanas, porque tenemos inmigrantes. Quisiera poder formar parte de una conspiración así y no ser más una voz que clama en el desierto virtual… pero tal vez, por ahí escondidos, todavía haya auténticos masones y rosacruces conspirando… si alguno me lee, que me invite.

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