Porque es mejor que hablemos de tú a tú, ahora el blog se ha transformado en podcast.

Con Colores Propios/Podcast

Con colores propios #1

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Con Colores Propios

Decidí hacer un podcast porque descubrí que tengo un rostro perfecto para la radio y que además ahora cualquier pelafustán bloguea, incluyendo a los pinochetistas. En este primer capítulo, desmitificamos un poco a los Estados Unidos y repasamos el concepto de igualdad. Hacemos esto con humor e inteligencia, al punto que a veces hasta coinciden los dos.

Segundo podcast de Hafree: la fe

Haz click sobre la imagen para escuchar el podcast.

El Podcast de Hafree

Como miembro de Hispanic American Freethinkers, he participado en la creación del podcast sobre librepensamiento. Los dejo invitados a escuchar nuestro debut con sonido en la Red.Imagen

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Hacer una maestria full time es siempre un desafío para cualquiera. El proceso, sin embargo, está a punto de llegar a su fin. Desde Washington DC no he podido dejar de observar lo que ocurre en Chile. He tenido ganas de meter la cuchara desde este espacio, pero mantener los estándares de los posts durante la maestría era simplemente imposible. Pero los plazos se cumplen siempre, las deudas se pagan a veces. Es por eso que anuncio que este blog volverá pronto. Un blog de un licenciado en Filosofía que para el siguiente post ya tendrá su maestría en literatura creativa, con post que preparan el camino de regreso a un país en el que parece que solo se puede vivir dignamente luchando. Pero es muy pronto y todavía hay trabajo que hacer antes de volver. Por mientras este brevísimo anuncio, siempre desde la absoluta y forzada independencia.

Poesía

Poesía.

LOS PÁJAROS NEGROS SOBRE DC

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El próximo veinticinco de agosto tendré el honor de que mi novela Los Pájaros Negros, sea presentada por Roberto Brodsky en la librería Pórtico en Washington DC, que es la librería más importante de la comunidad hispana y un emprendimiento conjunto del BID y del Fondo de Cultura Económica de México. Desde ya las personas que puedan están invitadas.

En los Pájaros Negros quise recordar que la selva, entendida como al entiende Ortega y Gasset en La Revolución de las Masas, no era buena. Ortega clasifica el mundo en dos grades contextos: ciudad y selva. La selva es el mundo natural, no tocado por el hombre y la ciudad es lo que hemos construido.

Tendemos a idealizar la naturaleza, aquel mundo rousseauniano del buen salvaje, especialmente ahora, cuando la civilización parece estar en crisis, romantizamos un mundo más simple. No recordamos que en ese mundo simple estábamos a merced de la superstición, de los depredadores que encarnaron nuestros más horribles temores. El monstruo que el niño ve en la oscuridad es una reminiscencia de los depredadores que nos acechaban en tiempos pretéritos: si escuchas un sonido o ves una sombra, huye; no esperes a que el depredador esté cerca para hacerte caer de tu lugar en la cadena alimenticia. Por eso el niño supone monstruos, porque su psique todavía tiene los instintos del animal humano precario que todavía somos.

No quiero adelantar nada de la trama, así que solo diré que en el primer párrafo muere un cura. No es por mi conocida antipatía contra la iglesia… bueno, no sólo por eso. La muerte del cura representa la ineficacia de la oración, de la fe y de los sortilegios. El mal al que nos enfrentamos proviene de la Naturaleza misma, es desconocido, es misterioso, es poderoso hasta el punto de parecerse a la magia, pero es natural, salvaje y animal. Como el mal que enfrentaron nuestros ancestros.

Hay espectros, pero los espectros son reconfortantes. Aquellas personas que abandonaron la existencia nos parecen aquí amables, sufrientes, melancólicas y causan nostalgia. No son ellos los agentes del mal. Son un recuerdo, acaso una esperanza de un reencuentro allí en la misteriosa región del no ser. Su aparición en el mundo de los vivos causa un leve escalofrío, la sensación de que alguna continuidad espacio temporal se ha roto, pero nada más.

El verdadero terror está en la voracidad de esas creaturas. Creaturas que siguen su propia agenda inescrutable porque no son sino fuerzas de la naturaleza. Fuerzas incomprendidas, indómitas, indomables, secretas, pero naturales, inevitables e inexorables como la muerte.

La naturaleza sigue estando ahí, en medio de la ciudad. La irrupción de una rata en nuestro hogar puede ponernos los pelos de punta ¿acaso la rata es un depredador peligroso? Las ratas sólo trasmiten la peste y no hemos tenido peste en occidente desde la edad media. La rata, entrando sin permiso a comerse las sobras es un recordatorio de que existen fuerzas que no podemos controlar del todo. No, no hay ratas en Los Pájaros Negros, esas hay que buscarlas en los rincones de la cocina o el sótano, junto a las cucarachas de nuestra cotidianidad. Toda novela está hecha para superar lo cotidiano.

El terror más que asustar calma. Mis monstruos son la forma que asume el destino y, en su metafórica apariencia de pájaros negros que son más que pájaros, nos ayudan a entender la aparentemente irracional secuencia de eventos en nuestras vidas. Una vez acabado el escalofrío de la lectura, sacamos los ojos de la página y vemos que a nuestro alrededor todo está en calma y que no hay ningún peligro… salvo por el inevitable transcurrir del tiempo hacia la muerte.

LA MINUTA MOJIGATA DEL SERNAM

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Este tipo de propaganda no sólo intenta restringir la sexualidad de las personas de manera ilícita, sino que además desmedra como inmoral todo el resto de las sexualidades éticas posibles y son sexualidades éticas todas aquellas que ocurran entre adultos con el libre consentimiento de ambas o más partes.

La sexualidad no es un problema ético, es un problema de salud pública. El embarazo adolescente es un problema, las enfermedades de trasmisión sexual, también, sin embargo, la ausencia de actividad sexual tampoco es algo deseable.

Existen formas sanas de tener sexo, existen los preservativos, existe la monogamia extramatrimonial… en fin, existen un sinnúmero de opciones sexuales, dentro de las cuales está también el matrimonio.

El matrimonio, sin embargo, no es la única forma legítima de sexualidad. Una sexualidad sincera que forme parte de una amistad llamada “con ventaja” y de común acuerdo no es una transgresión moral. Las personas son libres, el amor verdadero escaso.

Pretender que el adolescente espere a casarse para tener relaciones sexuales es simplemente absurdo. Un gran número de personas posterga el matrimonio para gozar de las diferentes posibilidades que ofrece la vida a una persona soltera. Yo me casé a los treinta y siete años y no llegué virgen al matrimonio y esto no supone una confesión ni un mea culpa.

El SERNAM (Servicio Nacional de la Mujer) es un servicio estatal y como tal no puede estar al servicio de la ideología cristiana. El SERNAM debiera presentar a los adolescentes todas las opciones con sus pros y sus contras y permitir que ellos, como ciudadanos libres de una democracia ELIJAN.

El matrimonio es, por supuesto, una opción válida para vivir una sexualidad responsable, pero no necesariamente la mejor. Existen personas que no están interesadas en mantener una relación monógama, otras que no están interesadas en personas del sexo opuesto y otras que simplemente quieren tener un compañero sexual ocasional y todas estas opciones son, tomadas las precauciones sanitarias correspondientes, igualmente válidas que el matrimonio.

No se puede permitir que el Estado, a través de un servicio público, dicte una ética arbitraria, basada en las creencias religiosas de algunas personas y que las haga pasar como conductas ya sea universalmente deseables o como la única alternativa sanitaria posible. Al hacer esto el Estado viola del derecho de los ciudadanos a buscar su felicidad en la medida que esta no vaya contra la ley, y sobre todo, miente al presentar una alternativa de sexualidad como si fuera la única sanitaria y moralmente válida.

Si los cristianos tienen una moral sexual más restringida, entonces tienen todo el derecho de regirse por esa moral, sin embargo no tienen el derecho de imponer dicha moral a los demás ni mucho menos tienen el derecho de utilizar recursos estatales de todos los ciudadanos para hacer propaganda cristiana.

Este tipo de propaganda no sólo intenta restringir la sexualidad de las personas de manera ilícita, sino que además desmedra como inmoral todo el resto de las sexualidades éticas posibles y son sexualidades éticas todas aquellas que ocurran entre adultos con el libre consentimiento de ambas o más partes y sin menoscabo emocional de otra persona. En este último caso, es decir en caso de infidelidad, tampoco puede ser el Estado quien sancione a las personas que incurren en ella, al menos no de oficio.

La sexualidad es una de las formas más intensas de placer que puede llegar a vivir un ser humano y nadie tiene derecho a restringirla con prejuicios disfrazados de moral. Mientras nuestros vecinos al otro lado de la cordillera abren sus puertas al matrimonio igualitario, en Chile, todavía existen fuerzas políticas que intentan que la historia avance en sentido inverso. Este tipo de fuerzas son fuerzas excluyentes que terminan clasificando a los chilenos en mejores y peores, no en base a criterios de excelencia, sino en base a criterios arbitrarios, lo cual no hará de nuestro país  el mejor lugar para vivir.

INTELIGENCIA EMOCIONAL

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“La inteligencia emocional” es, en su deformación por la cultura popular, una forma de validar la propia ignorancia y una especie de licencia para adoptar juicios en la medida deque ellos nos sean aceptables emocionalmente. “La inteligencia emocional” así entrecomillada y popular no es otra cosa que la santificación del prejuicio, porque un juicio de la realidad, basado en las meras simpatías o antipatías no es otra cosa que un prejuicio.

“La inteligencia emocional es la capacidad para reconocer sentimientos propios y ajenos, y la habilidad para manejarlos. El término fue popularizado por Daniel Goleman, con su célebre libro: Emotional Intelligence, publicado el 20 de enero de 1995. Goleman estima que la inteligencia emocional se puede organizar en cinco capacidades: conocer las emociones y sentimientos propios, manejarlos, reconocerlos, crear la propia motivación, y gestionar las relaciones.” Wikipedia

Este interesante concepto, que cuenta con antecedentes desde el propio Darwin en adelante y que fue el resultado de la más exhaustiva investigación científica, por alguna razón se transformó en algo sumamente distinto para la cultura popular: la gente creyó que este libro era la autorización para dejarse guiar por las propias emociones y –esta ha sido mi propia experiencia personal, que tanto se valora en estos día –una definición cualquiera, bien acotada y presentada con propiedad es recibida como una aserción racionalista y decimonónica y “poco inteligente emocionalmente”.

He llegado a la convicción profunda de que muchas personas compraron el libro, pero no lo leyeron o de que lo leyeron y no lo entendieron. La tesis de Coleman en ningún momento dice que pueda argumentarse en base a las emociones en discusiones o debates científicos o filosóficos. La inteligencia emocional es una inteligencia relacional, es decir una forma de “conocer las emociones y sentimientos propios, manejarlos, reconocerlos, crear la propia motivación, y gestionar las relaciones” y no un sustituto del razonamiento, especialmente en áreas como la Ciencia o la Filosofía.

“La inteligencia emocional” es, en su deformación por la cultura popular, una forma de validar la propia ignorancia y una especie de licencia para adoptar juicios en la medida de que ellos nos sean aceptables emocionalmente. “La inteligencia emocional” así entrecomillada y popular no es otra cosa que la santificación del prejuicio, porque un juicio de la realidad, basado en las meras simpatías o antipatías no es otra cosa que un prejuicio.

Un prejuicio, entendido como una convicción sin evidencias a la cual se le tiene un tremendo apego emocional, no es algo bueno. Durante años se pensó que la gente de color era inferior por un mero prejuicio, diversas formas de actividad sexual perfectamente lícita fueron consideradas pecaminosas por una cuestión estrictamente de prejuicios. Las personas zurdas eran consideradas endemoniadas también por un mero prejuicio. En medicina, llego a hacerse sangrar a una persona porque era bueno para su salud; sé que a ninguno de mis lectores le habrán practicado una sangría. Eso era antes de que la medicina adoptara el método científico, cuando ninguno de nosotros había nacido.

El razonamiento filosófico, por una parte y el método científico por otra, han sido las únicas garantías contra el prejuicio. El avance de una sociedad puede incluso llegar a entenderse como una escalada en el derribo de los prejuicios: cuantos menos prejuicios estén vigentes en una sociedad, mejor será la calidad de vida de sus miembros.

Es por ello que la actual tendencia a sacralizar cualquier opinión personal por el solo hecho de que es “mi opinión” es una tendencia perversa. El respeto por las creencias y opiniones, muchas veces no es más que el respeto por los propios prejuicios. De hecho, no son las opiniones las que merecen respeto, sino las personas que las sustentan. Una opinión merece siempre dudas y todo opinante debe estar dispuesto a que sus opiniones se cuestionen con razonamientos apropiados y con evidencias.  Lo contrario, además de ser peligroso, denota una falta de inteligencia emocional.

CUESTIONAR LA FE

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Pretender basar el conocimiento del siglo XXI en relatos épicos de la edad del bronce es simplemente una pretensión absurda, y revestir dichos relatos de inescrutabilidad es simplemente un absurdo aún mayor. Es del escrutinio de la naturaleza y del propio conocimiento humano de donde aumentamos ese conocimiento, y es ese conocimiento el arma de sobrevivencia de la especie y lo que nos ha permitido llegar a dónde estamos ahora sin perecer.

He tenido la mala ocurrencia de citar en mi estado de Facebook al Dawkins, Hitchens y Harris. He decidido además continuar haciéndolo. He recibido, por cierto, una serie de respuestas de la más diversa índole y en especial, me han llamado la atención aquellas que consideran que uno sencillamente debiera abstenerse de criticar la fe de los demás y aquellas que dicen que todo lo que reputamos saber no es más que fe.

Es cierto que deambulamos en un universo de creencias. La gran mayoría de nuestros conocimientos se basan en cuestiones de autoridad. Sería imposible de otro modo. Hay demasiado por conocer y demasiado conocimiento como para que una persona pueda llegar a saberlo todo.

Nuestra “fe” en tales autoridades descansa, sin embargo en cuestiones bien distintas a aquellas en las que descansa la fe religiosa. Cada una de las cuestiones que creemos, resiste el análisis de la curiosidad, así, por ejemplo, si quiero saber cómo es que se sabe que la Teoría de la Evolución es un hecho, puedo pues enfrentarme a toneladas de evidencia que lo prueban.

Cada uno de los asertos que constituyen nuestra base de representación de la realidad, está siendo sometido constantemente a análisis y siendo falseado, es decir, se le está buscando su punto débil para cambiarlo por una representación más adecuada. Es por ello que el modelo científico está constantemente cambiando.

Muchas personas han querido ver en este cambio precisamente una debilidad de la ciencia, cuando se trata precisamente de su fortaleza. Nuestras representaciones son cada vez más exactas, mejores. En este proceso, muchas personas sienten que no pueden confiarse en ellas, precisamente porque cuando han acabado de entender alguna, entonces aparece otra representación más adecuada.

Surge entonces la extraña sensación de que no hay nada verdadero a lo cual realmente se pueda considerar como inamovible. Si así es, entonces parece ser que cualquier representación es entonces válida, hasta el punto de que voluntariamente, alguien que quiere creer algo en contra de toda la evidencia no sólo científica, sino del más elemental sentido común, tiene el derecho de hacerlo.

Ello hace que las creencias religiosas vuelvan a presentarse como sagradas. Son la respuesta que puede darse el ser humano ante la vida, le son funcionales en lo personal, representan un apoyo en momentos difíciles ¿qué importa que la Ciencia y la Filosofía digan lo contrario? Esas disciplinas cambian constantemente sus discursos, mientras que la religión se mantiene pétrea desde tiempos inmemoriales.

El cambio en la Ciencia y en la Filosofía se debe a que cada vez se refinan mejor nuestras percepciones, nuestros instrumentos. Este cambio, sin embargo, difícilmente validará nociones anteriores así, por ejemplo, la tierra pasó de ser plana a constituir una esfera, para pasar luego a tener la forma aproximada de una pera, pero podemos estar seguros de que ningún descubrimiento volverá a afirmar que es plana.

Es difícil saber si algún día finalmente terminaremos de saberlo todo y lo más probable es que ello no suceda. El universo se revela infinitamente complejo, desde lo más pequeño del mundo subatómico hasta la inmensidad de un cosmos aparentemente infinito. Con todo, esto no significaría una permanencia en una ignorancia absoluta, sino un conocimiento que crece hasta el infinito… si somos capaces de sobrevivir como especie, claro.

El conocimiento que crece hasta el infinito es un conocimiento que permite ser cuestionado y reflexionado. Una premisa que quiere permanecer idéntica durante todo el paso del tiempo es una premisa que seguramente se volverá obsoleta ¿Qué pasa con libros escritos en la Edad del Bronce en este contexto?

Nadie pretendería que la “La Ilíada” fuera considerada sagrada en nuestros días, sin embargo “La Biblia” sí quiere gozar de tal privilegio. Hay quienes ven en ella una guía moral e incluso el origen de todos los valores, pero ¿no es también “La Ilíada” una guía moral? ¿Por qué ha de ser que nadie la reivindica como verdadera? “La Ilíada” también transcurrió en lugares reales… también hubo allí matanzas y sacrificios al estilo de la Edad del Bronce.

Alguna batalla de proporcione subyace oculta en el relato de “La Ilíada”, sin embargo, nadie en su sane juicio la reivindicaría como verdad, siendo que fue la palabra de los dioses, inspirada por las musas en persona.

“La Biblia” consiste en una serie de relatos épicos compuesto de la misma forma que la “La Ilíada”, simplemente, la sociedad en algún momento del siglo tercero decidió cambiar de relato épico.

Pretender basar el conocimiento del siglo XXI en relatos épicos de la edad del bronce es simplemente una pretensión absurda, y revestir dichos relatos de inescrutabilidad es simplemente un absurdo aún mayor. Es del escrutinio de la naturaleza y del propio conocimiento humano de donde aumentamos ese conocimiento, y es ese conocimiento el arma de sobrevivencia de la especie y lo que nos ha permitido llegar a dónde estamos ahora sin perecer.

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